Glorias Nacionales del 5 de Mayo

Glorias Nacionales
Rasgos característicos en la jornada del 5 de mayo de 1862

Glorias Nacionales en los alrededores de Puebla

Glorias Nacionales I.

Nada se revela mejor el carácter de un pueblo como en esos rasgos espontáneos, en esos arranques inesperados o glorias nacionales que tienen lugar en el calor de la acción. Allí está la naturaleza toda entera; allí habla el corazón movido por sus propios impulsos; en esos momentos obra el instinto; no hay lugar á la meditación, lo que se hace no es hijo de la reflexión sino de la naturaleza.

No hay tiempo de calcular qué será mejor, ni de tomar una actitud heróica: el carácter se revela tal cual es, repetimos.
El carácter mexicano ha brillado en los mil episodios de la gloriosa jornada del 5 de Mayo en los alrededores de Puebla, como es: noble, valiente, generoso, caballeresco, humano.

Los Hechos:

Los hechos todos ese día son el mejor y mas solemne mentís que puede darse á las calumnias que durante muchos años se han vertido en Europa, contra nuestro pueblo, por personas interesadas en desconceptuarnos ó por viajeros superficiales, que han dado por estudios sociales sobre México, sus sueños y sus desvaríos.

Nuestro ejercito formado de guardias nacionales y ciudadanos que han empuñado las armas movidos por su patriotismo, ha demostrado que cuando llega la hora del peligro, cuando se trata de defender el honor y la independencia del país, sabe cumplir con sus deberes y conquistar con su firmeza, con su valor, con su instrucción un laurel victorioso. Ese ejército, que los invasores creían ver huir, aterrorizado, ante su presencia, aunque menor en número, ha resistido, sin arredrarse ante la justa fama, ante el renombre europeo de sus agresores, y no solamente ha resistido, sino que tres veces los ha rechazado, saltando de sus parapetos para perseguirlos.

La nobleza de los soldados mexicanos:

Los soldados mexicanos á quienes se pintaba con los mas odiosos colores, cobardes, vengativos, crueles, han demostrado en esa vez todo lo contrario; y despues de portarse como valientes, como dignos de combatir con los vencedores en Sebastopol, en Solferino y en Magenta, han dado brillantes pruebas de generosidad.

No tenemos que registrar ni un solo acto de crueldad. No parece sino que cada soldado comprendía que cada uno de aquellos a quienes acababa de vencer era su hermano, y un hermano que tenia necesidad de protección y de amparo.

Así hemos contemplado muchos de esos rasgos sublimes que guarda la historia en sus páginas, de combatientes que lanzando el arma mortífera han abrazado á su enemigo herido, y con todo el cuidado con que un padre llevaría a su hijo, le han conducido á un lugar seguro, para prodigarle toda clase de auxilios.

Esta conducta de nuestros soldados honra á México; habla muy alto en favor del carácter nacional, y por lo mismo nos proponemos consignar en esta líneas algunos de esos rasgos.

No son ellos hijos de la imaginación, ni tampoco de la simpatía que como mexicanos tenemos por nuestros soldados.
Son hechos que han pasado á la vista de ambos ejércitos; á la luz del mediodia, en esos momentos en que se tiene por teatro á la nación entera.

Glorias Nacionales II.

Felipe B. Berriozabal

El Sr.  general D. Felipe B. Berriozabal en el parte oficial que dirigió al Cuartel Maestre del ejército de Oriente, sobre la defensa del cerro de Guadalupe, dice lo siguiente:

“A las once de la mañana, por orden del ciudadano general en jefe, me dirigí á paso veloz a la altura del cerro de Guadalupe con el objeto de auxiliar al ciudadano general Miguel Negrete, encargado de la defensa de esa posición.
Convine con el general Negrete en que, con sus reservas y mi brigada formáramos una batalla apoyada por una zanja enlodada, en cuyas extremidades se encuentran los puntos de Loreto y de Guadalupe.

A las once y tres cuartos dos batallones de Zuavos extendidos en tiradores, se nos presentaron haciéndonos un fuego mortífero y preparado la carga de dos fuertes columnas que avanzaban intrépidamente sobre nuestra linea, protegidas por un fuego vivísimo de su artillería rayada. Nuestros tiradores de batalla se replegaron en buen orden, y el enemigo con una bravura propia del soldado francés y digna de mejor causa, se arrojó sobre nosotros.

Nuestros sufridos soldados, no menos valientes que los franceses, recibieron el fuego nutrido de los Zuavos sin disparar sus armas, esperando la voz de mando de sus jefes.
Cuando tuvimos al enemigo a menos de cincuenta pasos, el ciudadano general Negrete y yo mandamos romper el fuego,  los soldados franceses vinieron a morir a quince pasos de nuestra batalla.

Las columnas fueron diezmadas por nuestros fuegos puestas en completo desorden y obligadas a huir al frente de nuestros modestos soldados de México, quienes cargaron inmediatamente sobre aquellos, trabándose entre algunos soldados un reñido combate a la bayoneta que nos hizo al fin dueños del campo.