La Bomba y el Fusil, historia de un héroe

La Bomba y el Fusil

No siempre los relatos históricos de las guerras y batallas se refieren al curso natural de los acontecimientos. Las reseñas tradicionales nos ponen al tanto de los sucesos propios de una conflagración, esto es, movimientos estratégicos, desarrollo durante la lucha, errores, resultados, etc. Pero por otro lado, nunca faltan ciertas acciones que nutren de diferente manera a cualquier conflicto. Acciones que a veces son heroicas, otras veces inusitadas y sorprendentes, y otras tantas increíbles o hasta chuscas.

El siguiente relato, transmitido por el General Francisco P. Troncoso, es precisamente un buen ejemplo (aunque difícil de clasificar en alguna categoría especial) de este tipo de momentos históricos:

Ya para finales del mes de marzo de 1863, la ciudad de Puebla se encuentra completamente sitiada por las fuerzas expedicionarias francesas y fuerzas conservadoras mexicanas.

El bombardeo constante sobre la plaza se dirige de forma principal sobre el Fuerte San Javier (también conocido como La Penitenciaría). En la luneta que cubre la entrada de San Javier, del lado de la Plaza, se encuentra un centinela perteneciente al 2° batallón de Guanajuato, Julián Hinojosa. Repentinamente, como a las cuatro y media de la tarde del 27 de marzo, cae una bomba a sólo cinco o seis pasos de su puesto.

El bravo centinela, en lugar de correr y ponerse a salvo detrás del parapeto, se cuadra, hecha armas al hombre y se queda mirando la bomba con gran serenidad.

La escena la presencian, a escasos 15 metros de distancia, los Tenientes Coroneles Smith, Montesinos, Troncoso, Rosado y Rodríguez que justamente salían de un cuarto a dar el parte del día al Jefe de línea.

Cuando la bomba estalla el lugar se llena de humo y polvo cubriendo por entero a Julián Hinojosa. Los testigos dan por hecho la muerte y desmembramiento del cuerpo del centinela, pero ante su gran sorpresa, se oye una voz que exclama:

¡Cabo de cuarto, otro fusil!.

Resulta que el valiente soldado había salido ileso por completo y sólo un casco de la bomba había partido en dos su fusil.

El enemigo me ha roto mi fusil.

¿Estás herido?, le pregunta el cabo.

No, – responde – estoy pronto para todo servicio.

El cabo le entrega otro fusil con el cual sigue paseándose muy ufano y orgulloso.

El centinela fue relevado y ascendido a Sargento. El Teniente Coronel Rosado le regaló un escudo de oro y mandó que se comunicara en la orden del Cuerpo la conducta del recién Sargento Hinojosa.