Alebrijes: curiosas artesanías de Oaxaca

Alebrijes (2)

No importa cómo llegaron, lo cierto es que la acogida de los alebrijes entre los artesanos oaxaqueños abrió nuevas vetas de inspiración para trabajar criaturas fantásticas, además de animales propios de la cosmovisión indígena que forjó la identidad de Oaxaca al paso de cientos de generaciones. El proceso de estos artesanos es lo que brinda un aspecto único a cada pieza, siendo elaboradas con madera de copal: árboles o arbustos que producen aceites y resinas aromáticas usadas para la elaboración de inciensos, perfumes o remedios.

Después de talar el árbol, los talladores deben trabajar la madera antes de que pasen 8 días, lapso después del cual la madera se endurece. Retiran la corteza con machete y comienzan a dar forma a la pieza que imaginan hasta terminarla, para después someterlas a varios baños de gasolina y una solución especial que protegen a la madera de polillas o termitas. Cada baño puede durar varios días, y el secado de las piezas varias semanas. Pasado ese proceso se revisan las piezas: si se encuentran resquebrajaduras se resanan con polvo de copal, siendo hasta ese entonces que están listas para ser pintadas.

Muchos artesanos utilizan pintura vinílica gracias a que es fácil de aplicar y seca rápido, permitiéndoles una gran precisión por su consistencia y gracias al uso de pinceles muy finos. Sin embargo hay quienes quienes son celosos de las tradiciones oaxaqueñas y siguen usando pinturas cuya elaboración forma parte de una vasta experiencia: el propio nombre del poblado Tilcajete deriva del vocablo mixteco “Tlixcacitl”, que significa “lugar donde se pinta” o “lugar de tinta”, lo cual nos permite imaginar desde cuándo se practica el oficio de artesano en este lugar.

Una vez que la corteza de copal está completamente seca, se tuesta y se muele hasta fabricar un polvo, el cual se mezcla con resina de copal a partes iguales para obtener una pintura amarilla natural de gran durabilidad. Jacobo Ángeles, reconocido maestro oaxaqueño creador de alebrijes, explica: “Si mezclamos la corteza del copal con cal obtenemos pintura negra. Si en vez de cal le ponemos bicarbonato la pintura es color marrón. Estos tres colores: amarillo, negro y marrón se utilizaron para pintar los códices en Mitla y Monte Albán, y para decorar, después, las iglesias de Santo Domingo de Guzmán y Tlacochahuaya”.

Aunque la variedad de pigmentos que pueden crear a partir del copal es tan amplia como podamos imaginar, lo cual se puede comprobar al conocer los cientos de piezas que existen en cada taller, todos familiares, donde no existen dos piezas iguales.

Alebrijes rinoceronte
Alebrijes rinoceronte

 

Por un lado, el invento del alebrije hace poco menos de 100 años trajo nuevos bríos a las siguientes generaciones de artesanos, quienes prosperaron en buena medida gracias a la comercialización de su trabajo. Por otro, podemos confirmar que en Oaxaca existen vestigios arqueológicos que demuestran que estos seres fantásticos, se llamen alebrijes o no, han existido entre los pobladores de los Valles Centrales desde el año 2300 a.C. Como dice Elpidio Fabián Ojeda, miembro del Comité Comunitario de Artesanos Tilcajete: “Las figuras de barro y madera muestran que nuestros antepasados fueron los primeros en plasmar a los seres fantásticos en algo tangible”.

Y quién sabe, quizás en la antigüedad los humanos convivían con los alebrijes, en este o en otros mundos, como le ocurrió a don Pedro Linares, o como en tantas leyendas que ocupan nuestra imaginación y que se hacen presente gracias al talento de los artesanos de Oaxaca. Don Jacobo Ángeles asegura que él no es artesano ni artista, que su oficio es el de tallar “nahuales”, conocidos en su pueblo como “tonas”, que según la cosmovisión zapoteca son animales que se asignan a los hombres desde su nacimiento, según el día y el año, marcando su vida e influyendo en esta hasta el fin de su existencia.

Jorge Luis Borges escribió en el Manual de Zoología Fantástica: “Ignoramos el sentido del alebrije, como ignoramos el sentido del universo, pero algo hay en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres, y así el alebrije surge en distintas latitudes y edades. Es, por decirlo así, un monstruo necesario, no un monstruo efímero y casual como la quimera o el catoblepas”. Agregaríamos a ello que éstos son artesanías queridas y entrañables: bellamente formadas y de hermosos colores que siempre nos agradan la vista. Los alebrijes son, por si mismos, un valor cultural de México para el mundo.