Celaya se rinde sin combates ni condiciones

El pueblo de Celaya es víctima del previsible caos y descontrol de la muchedumbre revolucionaria. Guerra de Independencia (4).

En Celaya queda patente, como nos ilustra don José Vasconcelos en su Breve Historia de México, que el jefe insurgente Miguel Hidalgo carecía de un programa establecido que impidiera que los bajos instintos populares se manifestaran violentamente.

Después de los graves acontecimientos de San Miguel el Grande, las autoridades y los habitantes españoles de Celaya huyen del pueblo. El 20 de septiembre de 1810 Celaya se rinde sin combates ni condiciones ante la muchedumbre revolucionaria.

El descontrol de la turba y del propio Miguel Hidalgo se hacía visible de manera irremediable.

Templo del Carmen en Celaya
Templo del Carmen en Celaya

En pleno desfile triunfal de los insurgentes, donde el cura es vitoreado entre los sones de marcha interpretada por el Regimiento de la Reina, se oyen unos disparos que en segundos convierten la fiesta en una espantosa orgía de violencia y saqueo que no distingue entre peninsulares o criollos.

La búsqueda de bienes y tesoros lleva a los saqueadores al extremo de profanar criptas del panteón donde se presumía que los acaudalados del pueblo habían ocultado sus riquezas.

Los excesos de la chusma descontrolada provocan que también Juan Aldama le recrimine a Hidalgo su pasividad y tácita aprobación de los reprobables sucesos. El jefe de los insurgentes defiende la situación como un mal necesario para continuar con el movimiento.

Tras una emotiva manifestación ante más de 50,000 exaltados insurrectos, Allende es nombrado “Teniente General” e Hidalgo es proclamado “Capitán General de los Ejércitos de América y Protector de la Nación Mexicana”. El ilustre cura de Dolores comenzaba a perder el piso.

Días después, el 23 de septiembre de 1810, el “ejército” revolucionario con más de 80,000 insurgentes sale de Celaya con rumbo a la próspera ciudad de Guanajuato. La experiencia de Dolores, San Miguel el Grande y Celaya -que se habían tomado prácticamente sin combate alguno- hizo suponer a Hidalgo que la ocupación de Guanajuato se realizaría de la misma forma. En realidad la importante ciudad se preparaba para su defensa y resistencia.

Nadie imaginaba siquiera que la escalada de violencia y matanza crecería de forma desproporcionada.

 

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