La inexplicable retirada de la ciudad de México

Historiadores e investigadores han tratado por mucho tiempo descubrir las razones que impulsaron a Miguel Hidalgo a ordenar la retirada de la ciudad de México y suspender la inminente y obligada ocupación de la capital (10).

Ésta decisión, la retirada de la Ciudad de México, tan desacertada como extraña, se ha asentado en la historia como un hecho confuso que no posee una explicación certera y convincente.

Las fuerzas insurgentes se hallaban tan cerca del corazón de la Nueva España que hasta los pueblos vecinos de Tlalpan, San Ángel y Coyoacán ya habían sido ocupados. La Ciudad de México estaba prácticamente indefensa y a merced de los rebeldes. Su conquista no hubiera representado ningún problema. Entonces, ¿porqué el jefe revolucionario renunció en la última hora a esta empresa? Si hubiera seguido adelante – como era por demás lógico – la historia de la independencia habría sido completamente diferente y hasta habría cabido la posibilidad de que el movimiento hubiera quedado casi  finiquitado, o por lo menos, haber sido de mucha menor duración.

Algunas especulaciones pretenden explicar lo inexplicable:

  • La negativa del virrey Francisco Javier Venegas del 1º de noviembre de rendir la ciudad a los emisarios de los insurgentes Mariano Jiménez y Mariano Abasolo.
  • La cercanía de los poderosos ejércitos realistas de Felix María Calleja y Manuel Flon.
  • El temor de Hidalgo al saqueo descontrolado e indiscriminado por las fuerzas revolucionarias.
  • La escasez de parque y víveres después de la batalla del Monte de las Cruces.
  • La importante reducción del tamaño de los efectivos insurgentes tras la misma batalla.
  • Desconocer el grado de indefensión de la ciudad.

Sin embargo, la noticia en la capital, de este milagro convirtió el temor y la incertidumbre en un festejo con ánimo triunfador. La retirada de la Ciudad de México por Hidalgo se tomó al mismo tiempo como una gran victoria para la ciudad y como una gran derrota para los rebeldes.

Miguel Hidalgo
Miguel Hidalgo y la retirada de La Ciudad de México.

La impensable euforia.-

El virrey en la euforia, presumió inexplicablemente, que la batalla del Monte de las Cruces (hoy municipio de Ocoyoacac, Estado de México) había sido un triunfo. Se llegó al extremo de considerar al coronel Torcuato Trujillo como el “salvador de la ciudad” no obstante la acción tan vil y reprobable que llevó a cabo en tal batalla.

Se crearon reconocimientos, tributos y ceremonias que alababan la valentía de los supuestos vencedores de los rebeldes. Agustín de Iturbide, uno de los pocos sobrevivientes de la reciente batalla fue ascendido a capitán.

Mientras tanto las menguadas fuerzas de Miguel Hidalgo se dirigieron hacia la ciudad de Querétaro. Otra extraña decisión. Por esos rumbos se encontraban los ejércitos realistas que venían al encuentro de los insurgentes. Un grave error que preparaba el terreno para el inicio de la derrota de Hidalgo.

 

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