Las desavenencias entre Hidalgo y Allende

La trágica batalla de Aculco, del 7 de noviembre de 1810,  acrecentó las desavenencias entre Hidalgo y Allende (12).

Los terribles resultados de la campaña independentista, y en especial, los de la última confrontación, provocaron que los jefes insurgentes acabaran franca y abiertamente enfrentados. Las desavenencias entre Hidalgo y Allende se habían recrudecido.

Desde un principio -y de manera inexplicable- el liderazgo de la lucha insurrecta había recaído en el cura de Dolores, Miguel Hidalgo, y no en un militar de carrera como lo era Allende.

Tanto Allende como Jiménez o Abasolo o los hermanos Ignacio y Juan Aldama, constantemente habían reprobado la absurda tolerancia que Miguel Hidalgo tenía hacia la muchedumbre que los acompañaba. Matanzas y saqueos  permitidos – en ocasiones hasta incitados – por el propio cura, habían hecho sonar la voz de alarma repetídamente.

Los militares expresaban la firme opinión de crear un verdadero ejército, equipado y entrenado, que pudiera estar a la altura de las fuerzas realistas y que una muchedumbre informe y indisciplinada sería contraproducente. En cambio, Hidalgo, sostenía que un gran número de insurrectos les daría el triunfo aunque ello implicara dar rienda suelta a los bajos instintos de los rebeldes.

Se inclina la balanza en favor de Allende.-

La batalla de Aculco acabó dando la razón a los militares. La muchedumbre analfabeta había demostrado que lejos de estar preparada para una verdadera contienda independentista, el espíritu de rebeldía que los animaba a formar parte de los insurgentes sólo obedecía a un sentimiento de ganancia personal en donde nada había que perder y sí mucho que ganar.

Después del desastre del 7 de noviembre, los jefes se dividieron en dos grupos: el de Miguel Hidalgo que regresaría a Valladolid y el de Allende que se dirigiría a Guanajuato. El primero se encaminó con el pretexto de reagruparse y el segundo con el propósito de defender a la ciudad de Guanajuato de un seguro ataque realista.

Mientras tanto, el cura José María Morelos ataca infructuosamente el puerto de Acapulco y Tecpan (ambas poblaciones en el actual estado de Guerrero).

Dos días después la importante ciudad de Guadalajara capitulaba en favor del jefe insurgente José Antonio Torres, “el Amo Torres”.

 

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