Los prisioneros insurgentes en Monclova

El 23 de marzo de 1811, los principales jefes insurgentes son encadenados en la ciudad de Monclova (21).

Un día después de la exitosa maniobra de Elizondo, en donde los jefes insurgentes fueron aprehendidos, se trasladaron a todos los presos hacia el pequeño poblado de Castaño, cercano a Monclova, Coahuila. Ahí se decidió el destino próximo de los rebeldes.

Unos serían llevados hasta la ciudad de Durango y los principales jefes rebeldes, Ignacio Allende, Miguel Hidalgo, Aldama, Jiménez, Abasolo serían enviados a la ciudad de Chihuahua.

Insurgentes encadenados.-

En la mañana del 24 de marzo de 1811, ya en Monclova, Miguel Hidalgo fue encadenado junto con sus compañeros y llevados al hospital mientras un gran número de oficiales menores y presos comunes fueron pasados por las armas.

Francisco Javier Venegas
El virrey Francisco Javier Venegas estalló en júbilo al enterarse de las acciones en Monclova.

Días después -8 de abril de 1811- el virrey Francisco Javier Venegas, al enterarse de los acontecimientos del Baján y de Monclova, ordenó que Ignacio Elizondo fuera ascendido y que Monclova recibiera la categoría de ciudad.

El traslado a Chihuahua.-

El 26 de marzo se inició el largo camino de Monclova hacia la ciudad de Chihuahua en el actual estado con el mismo nombre. La gran caravana de prisioneros fue encargada para su custodia al gobernador de Texas Manuel Salcedo. Las condiciones del traslado eran verdaderamente duras para los 48 presos insurgentes: jornadas de 14 horas, poco alimento, casi sin agua y además de las cadenas y grilletes, amarrados unos a otros para pasar la noche.

En Álamo de Parras, fray Gregorio fue separado del grueso de la columna. Él había sido destinado a la ciudad de Durango para su enjuiciamiento.

Casi un mes más tarde, el 23 de abril de 1811, la trágica caravana arribó a la ciudad de Chihuahua. De inmediato se hicieron los nombramientos de los jueces que intervendrían el juicio que se llevaría a cabo contra los antiguos jefes insurrectos.

Antes de los juicios.-

A partir de ese momento, los otrora líderes de un desgarbado pero poderoso ejército caerían en un sinfín de contradicciones históricas y actitudes emocionales:

Unos, con el ánimo de salvar su vida, renegaron del movimiento y hasta de su directa participación; otros tantos se acusarían entre sí repartiéndose culpas y responsabilidades; los menos entrarían en un proceso de sincero arrepentimiento por todas las atrocidades y muertes causadas en el transcurso de su revolución.

Primera etapa.-

Ahí, en la ciudad de Chihuahua, terminaría lo que actualmente se denomina como la “primera etapa de la lucha de independencia de México”. A partir de abril de 1811 la guerra continuaría en el centro y sur del territorio de la Nueva España.

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