Narciso Mendoza y la batalla de Cuautla

Narciso Mendoza, el niño artillero en la batalla de Cuautla (28).

En esta batalla se distingue la heroica acción de Narciso Mendoza.

Aunque algunos historiadores señalan el día 19 de febrero como el inicio de la batalla y sitio de la ciudad de Cuautla (poblado muy cerca de la ciudad de Cuernavaca), lo cierto es que el día anterior, hubo algunos avances y escaramuzas entre las dos fuerzas beligerantes y en las que por poco José María Morelos cae prisionero. 

El jefe insurgente se vio envuelto en una pequeña emboscada y, si no es por el pronto auxilio de Hermegildo Galeana, otra hubiera sido la historia de la insurrección y por ende la de la historia de México.

El ataque.-

Temprano, a las siete de la mañana y con más de 5,000 hombres, el jefe realista ordena el ataque a la ciudad. Tras una fuerte resistencia inicial por parte de los insurgentes, las tropas reales comienzan a dominar la situación y avanzan hacia el centro de la ciudad; los rebeldes huyen desordenadamente.

En una calle despejada, sin oposición alguna, es donde se escribe una de las páginas más famosas de la historia de la independencia: la heroica acción del niño artillero Narciso Mendoza.

El avance es detenido.-

En el momento en que los hombres del ejército realista marchan en orden por una calle vacía, un pequeño muchacho sale intempestivamente de una casa y, con una tea encendida en la mano, rápidamente se dirige hacia un cañón abandonado, cargado y al que nadie había prestado atención. Enciende la mecha y se produce el disparo. Las tropas caen fulminadas en medio de la calle deteniendo por completo el avance.

Gracias a ésta valiente acción, por parte del niño de 12 años Narciso Mendoza, Cuautla y los insurgentes se salvan de ser derrotados por el ejército realista.

La retirada.-

Hermenegildo Galeana, tras los acontecimientos, logra reagruparse y empuja vigorosamente a los realistas hasta las afueras de Cuautla. Poco faltó para que Calleja repitiera el triunfo en Zitácuaro.

El jefe realista se vio obligado a ordenar la retirada para planear y organizar un nuevo ataque.

Calleja le comunica al virrey que la toma de Cuautla tardaría más de lo esperado y sugiere que, al final del enfrentamiento, la ciudad sufra el mismo destino de Zitácuaro: la destrucción completa de la ciudad para crear un precedente que evite, en el futuro, que los rebeldes vuelvan a parapetarse dentro de pueblos o ciudades.

Felix María Calleja seguía convencido que en poco tiempo – nueve días -, Morelos y los insurrectos caerían vencidos definitivamente. La realidad fue otra: el asedio a Cuautla duró más de lo esperado y, al final, nadie pudo atribuirse la victoria  -histórica y estrictamente hablando – del llamado Sitio de Cuautla.

 

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