El Fin de Cuautla, sin un claro vencedor.

Para principios de mayo de 1812 el fin de Cuautla se hace realidad (29).

El fin de Cuautla, para ambos bandos, había llegado a límites impensados: para los realistas, el clima infernal e insalubre de la región estaba haciendo estragos entre sus tropas, y para los insurgentes, el hambre y las terribles privaciones diezmaban a los soldados y pobladores por igual. Las dos facciones enfrentadas se encontraban exhaustas casi por igual.

Para finales del mes de abril, Felix María Calleja (con fiebre y muy enfermo) había solicitado al virrey abandonar la ciudad; sus hombres no podían más.

Por desgracia para los insurgentes, el cura Morelos desconocía la situación de sus adversarios y el dos de mayo de 1812 decidió dar la orden de salir de la ciudad de Cuautla. Los 73 días de enfrentamientos y asedio habían sido suficientes.

La marcha en la madrugada.-

En la madrugada, después de realizar los preparativos correspondientes, los insurgentes junto a los pobladores de la ciudad empezaron la marcha silenciosa para salir de Cuautla (cerca de la ciudad de Cuernavaca). Por desgracia el contingente fue descubierto.

Los hombres de guardia fueron alertados por el ruido inevitable que se produjo cuando los zapadores del ejército insurgente trataban de superar una gran zanja. De inmediato la alarma se encendió en todo el campamento realista y en pocos minutos una nueva batalla se estaba llevando a cabo.

En el fragor de la contienda José María Morelos cayó de su caballo y poco faltó para ser muerto o atrapado por los soldados enemigos. Decenas de muertos entre insurgentes y pobladores tapizaban las afueras de Cuautla.

Por fortuna, casi todo lo que quedaba del ejército insurgente y casi todos sus ilustres jefes, (Leonardo Bravo había caído prisionero) pudo finalmente escapar de la sangrienta batalla.

Calleja entra en la ciudad.-

Cuando el jefe realista Felix María Calleja entró en lo que quedaba de la casi abandonada ciudad de Cuautla, se enfrentó a una situación dantesca: los edificios, templos y casas estaban prácticamente destruidos, la artillería había hecho su trabajo; el hedor de los cadáveres era insoportable; los enfermos, agonizantes y mal heridos a duras penas se mantenían con vida. Cuautla estaba destruída.

El resultado de la contienda no arrojaba un claro vencedor histórico: Morelos y sus exiguas fuerzas habían abandonado la ciudad antes de rendirse y por su parte, los realistas, no habían podido tomar la ciudad y apresar a los insurgentes. La única realidad es que el fin de Cuautla se había concretado y nadie podía adjudicarse oficialmente la victoria o la derrota. Morelos supo aguantar el inhumano asedio perpetrado por Calleja y éste no logró que la ciudad capitulara. Por supuesto ambos jefes no dudaron en proclamarse vencedores del Sitio de Cuautla.

Conclusión.-

Los giros de la historia: si Morelos hubiera conocido la situación de Calleja seguramente habría resistido un poco más lo grave de su situación y habría podido proclamar la victoria. Lo que sí logró el cura y sus compañeros, fue que la fama del movimiento creciera en todo el país. Morelos no ganó, pero sus contrincantes, lo mejor de las fuerzas oficiales y el mejor comandante realista tampoco pudieron vencerlo.

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