La implacable persecución de Armijo

La dura persecución a los jefes de la insurgencia realizada por José Gabriel de Armijo se hizo permanente después de las trágicas derrotas de Valladolid, Santa Lucía y Puruarán (37).

Ignacio López Rayón, tras las continuas derrotas, y la implacable persecución de las fuerzas realistas de José Gabriel Armijo, estaba muy decepcionado con la jefatura política y militar de José María Morelos. Exigía al Congreso que se despojara de todo mando al cura de Carácuaro para ejercerlo él mismo.

Los diputados del Congreso de Chilpancingo accedieron en parte a las demandas  de Rayón y quitaron a Morelos sólo el mando político y lo ratificaron como jefe militar.

La siguiente acción del abatido Morelos recuerda las atrocidades cometidas por Miguel Hidalgo. En La Quebrada, Acapulco, mandó a degollar sin juicio o consideración alguna a 200 españoles que se encontraban detenidos en el fuerte de San Diego.

Su justificación era que él había ofrecido la vida de los prisioneros peninsulares a cambio de la vida de Mariano Matamoros. El virrey, Felix María Calleja, había hecho caso omiso de la petición*.

Mientras tanto, el 29 de marzo de 1814, el realista Melchor Álvarez recuperaba con suma facilidad la plaza de Oaxaca.

A esas alturas, el otrora poderoso ejército insurgente, se había convertido el pequeñas guerrillas que huían ante la presencia de cualquier fuerza gubernamental.

La persecución.-

La dura persecución de las tropas realistas, comandadas por José Gabriel de Armijo, sobre los restos de las fuerzas insurgentes no cejaba. Una a una, todas las batallas acababan en franca desbandada. Galeana, Guadalupe Victoria y otros importantes jefes revolucionarios en algunas ocasiones estuvieron a punto de ser capturados.

El jefe realista Armijo, con su implacable deseo de apresar a Morelos, atacó el campamento del Congreso apenas se le informó de su presencia cercana. Todos los soldados, diputados, secretarios y hasta el mismo Morelos huyeron a toda prisa.

El botín.-

Sin embargo, la rapidez del ataque de Armijo y de la huida permitió la captura de un valiosísimo tesoro: archivos, documentos, sellos, cofres de monedas de oro y los equipajes de los congresistas, incluyendo el propio de Morelos.

Finos, elegantes y ricos uniformes del caudillo**, un pectoral de oro tomado al obispo de Puebla y grandes cantidades de dinero entre otras muchas cosas más. Gran victoria para Calleja ya que el caudillo insurgente se quedaba sin recursos para continuar la lucha.

Un año después, Acapulco y varios ilustres insurgentes ya habían caído en manos de los realistas, entre ellos Miguel Bravo y el bravo Hermenegildo Galeana (27 de junio de 1815).

El casi desaparecido Congreso se encontraban en completo conflicto y no hallaban solución alguna. La anarquía entre los jefes y diputados se había enraizado por completo. Mientras tanto, Morelos se encontraba totalmente abatido por la muerte de Galeana y poco faltaba para que él también sufriera la misma suerte.

 

*Algunos investigadores sostienen que la carta que Morelos había enviado al virrey, solicitando el canje, llegó demasiado tarde; otros dicen que la sed de venganza de Calleja prevaleció, condenando a muerte a los españoles presos en San Diego.

** Los uniformes se exhibieron durante años en el Museo de Artillería de Madrid y fueron devueltos por el gobierno español para la conmemoración del inicio de independencia en 1910.

Anterior: La muerte de Mariano Matamoros.

Siguiente: La exitosa captura de José María Morelos.