La dura ejecución y muerte de Morelos

En vano el caudillo trato de cooperar y evitar su ejecución. La muerte de Morelos no era algo que los tribunales fueran a evitar.

La ejecución y muerte de Morelos, después de la captura en Tezmalaca el 5 de noviembre de 1815, se preparó minuciosamente y acabó con el ánimo del caudillo.

La debilidad.-

Por desgracia, es un hecho histórico -señalado por numerosos historiadores y testigos- que el otrora poderoso jefe insurgente, ahora preso, se derrumbó y humilló buscando el perdón.

Sufrió durante su reclusión varios momentos de flaqueza y debilidad y ofreció entre otras cosas:

  • revelar la jerarquía en la cadena de mando de los insurgentes.
  • formar un plan que indicaría la forma de acabar con la revuelta.
  • escribir a otros jefes insurgentes para conminarlos a la rendición.
  • presentarse ante el rey para solicitar su real perdón.

José María Morelos confesó su arrepentimiento una y otra vez sin resultado alguno. Dos juicios le esperaban hacia finales del año de 1815: el civil (23 de noviembre) y el religioso (26 de noviembre).

Los juicios .-

Los tribunales oficiales, no obstante la empecinada defensa del insurgente, lo sentenciaron a muerte. Sería fusilado por la espalda y se le cortarían la cabeza y una mano para exhibirlas, una en una jaula de hierro en la Ciudad de México y la otra en la Ciudad de Oaxaca*.

Los tribunales eclesiásticos, por su parte, decidieron llevar a cabo la degradación sacerdotal del cura de Carácuaro, la confiscación de sus bienes y prohibir su ministerio. Al día siguiente, fue azotado de rodillas, degradado por el obispo de Oaxaca en un solemne acto y mutiladas  las yemas de sus dedos*.

Al amanecer del día 22 de diciembre de 1815, Morelos fue subido a un carruaje y trasladado al antiguo Palacio del Consulado de la Ciudad de México en el pueblo de San Cristobal Ecatepec. El coronel Manuel de La Concha era el jefe encargado de la ejecución.

Al comenzar la tarde el prisionero fue llevado a las afueras del edificio con el pequeño pelotón de fusilamiento.

La ejecución.-

Es interesante que en esos últimos momentos, el ex jefe insurgente José María Morelos y Pavón, recobró su valor y su antigua entereza. Resignado, con gran serenidad, rechazó inútilmente el vendaje que un soldado le ofrecía. El mismo acabó vendándose los ojos con su propio pañuelo y comenzó su pesada marcha hacia el lugar exacto de la ejecución.

Arrodillado y de espaldas a los soldados, Morelos escuchó la orden de disparo. Cuatro balas lo alcanzaron e hirieron. Su cuerpo cayó y murió a las 3:30 de ese día 22 de noviembre de 1815.

Con la muerte de Morelos finalizaba una etapa muy importante de la historia de México.

* En diciembre del mismo año el virrey Calleja ordenó que su cadáver no fuera mutilado en ninguna forma y que recibiera entierro eclesiástico al finalizar la ejecución.

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