La incertidumbre en la lucha de independencia

De nuevo la incertidumbre causada por la pérdida de varias posiciones insurgentes se agrandaba día a día (43).

La ejecución de Francisco Javier Mina, el 11 de noviembre de 1817, sumió a la lucha por la independencia de México en una profunda incertidumbre.

En cambio, en la Ciudad de México, los festejos civiles y eclesiásticos por el triunfo de Pascual Liñan, la caída de los fuertes El Sombrero y Los Remedios crearon un clima de triunfo y hasta la certeza de que el movimiento no tendría futuro alguno.

Los homenajes incluyeron grandes promociones militares y políticas: Liñan fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica, Cervantes – el soldado que capturó a Mina – le otorgaron $500 pesos, a Orrantia fue ascendido a coronel y al virrey  Juan Ruiz de Apodaca se le concedió el título de Conde de Venadito.

Las últimas esperanzas.-

A partir del año de 1818 las últimas esperanzas de los insurgentes parecían terminadas. Ni Vicente Guerrero ni Guadalupe Victoria contaban con fuerzas suficientes para continuar la rebelión y su única opción era internarse el la sierra. Sólo el fuerte de Jaujilla en Michoacán, que quedaba en pié de lucha, cayó en poco tiempo.

Rayón y Nicolás Bravo también cayeron prisioneros y fueron enviados a la capital de la Nueva España.

Las posiciones independentistas y los pequeños focos de rebelión iban desmoronándose uno a uno por todo el territorio. En Jalisco, Veracruz, Puebla o el norte del país, los insurgentes caían o se adherían a algún plan de indulto.

De nuevo la incertidumbre por el futuro de la independencia provocaba sentimientos de derrota entre los partidarios de la rebelión. No se vislumbraba ninguna solución que pudiera alumbrar el camino.

Sin embargo los sucesos desafortunados que sufriría España en los meses siguientes darían un alivio y un giro inesperado a los sueños de independencia en el continente americano.

Fernando VII.-

Fernando VII, desde su regreso, se había convertido en un monarca déspota y autoritario a la vez que mediocre y casi estúpido. Eran tantos los errores y las injusticias cometidas por el terrible rey que las conspiraciones para matarlo o apresarlo empezaron a brotar en la sociedad española.

A principios de enero de 1820 el comandante Rafael Riego lanzó en Madrid una revuelta que de inmediato  fue secundada por diversos sectores del pueblo ibérico y obligaron al funesto rey a aceptar una nueva constitución – la que había derogado en 1812.

La promulgación de esta constitución lograba lo que los primeros insurgentes no habían podido conseguir con la lucha armada.

No pasaría mucho tiempo más para que la consumación de la independencia se hiciera realidad.

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