Las negociaciones y Tratados de Córdoba

Los Tratados de Córdoba fueron la inevitable consecuencia de la situación reinante en julio de 1821 en la Nueva España (49).

Don Juan O’Donojú y los Tratados de Córdoba.-

El nuevo encargado del gobierno de la Nueva España, Juan O’Donojú, desembarcó en el puerto de Veracruz el 30 de julio de 1821. Al principio O’Donojú tenía la intención de mantener el dominio español sobre las tierras americanas. Poco tardó en darse cuenta de la cruda realidad.

Para ese momento sólo tres plazas continuaban con un débil control por parte de las fuerzas realistas: Acapulco, Veracruz y la Ciudad de México.

El nuevo virrey, apenas entendió que la independencia mexicana era ya algo inevitable, aceptó hacer las negociaciones necesarias. De inmediato envió dos amistosas cartas al jefe del Ejército de las Tres Garantías, Agustín de Iturbide. El futuro emperador respondió rápidamente fijando la fecha del 24 de agosto y la ciudad de Córdoba como el lugar del encuentro solicitado por O’Donojú.

Las negociaciones.-

Las negociaciones entre los dos ilustres personajes se llevaron a cabo sin contratiempos o grandes diferencias. Los puntos más importantes que figuraron en los llamados Tratados de Córdoba fueron los siguientes:

  • México sería una nación y monarquía constitucional independiente (empezaba a designarse como Imperio Mexicano).
  • Se ofrecería la corona, del nuevo Imperio Mexicano, a Fernando VII y en caso de no aceptar éste, se ofrecería la corona a sus hermanos Carlos o Francisco.
  • A falta de cualquiera de ellos la designación del nuevo monarca recaería en las cortes mexicanas.
  • Los residentes españoles que estuvieran en desacuerdo con la nueva situación política tendrían derecho a viajar a España con todo y sus caudales.
  • De igual forma, los soldados españoles tendrían libre paso para regresar a Europa.

El rechazo.-

En realidad los Tratados de Córdoba fueron rechazados desde un principio por diferentes fuerzas. De hecho, Juan O’Donojú no tenía la autoridad para otorgar la independencia a México. Sin embargo éstas importantes negociaciones comenzaron a legitimar lo inevitable: La América Septentrional quedaría separada del control de España.

El jefe de gobierno temporal, Francisco Novella, y los notables de la capital desconocieron íntegramente los Tratados de O’Donojú y lo citaron en la Ciudad de México para conocer las razones de sus acciones. Mientras tanto, la capital del agonizante virreinato se preparaba para dar batalla a los insurgentes.

Agustín de Iturbide llegó a las afueras de la ciudad el 5 de septiembre de 1821. Su poderoso ejército sumaba más de 15,000 hombres. Enfrentarlo no sólo era una acción inútil sino una completa torpeza. No obstante, una última, innecesaria y sangrienta batalla se verificó en Azcapotzalco.

Por fin y tras una ríspida conversación entre O’Donojú y Novella (con Iturbide como mediador), la independencia de México seguiría su curso. El efímero virrey dejaba el cargo y entregaba a la capital al Ejército Trigarante.

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