Toma y Batalla de San Javier

San Javier el
29 de Marzo 1863

El 29 de marzo 1863 la ciudad de Puebla se encuentra sitiada y asediada por el invasor francés. Para muchos participantes y testigos presenciales de la guerra en El Sitio de Puebla, la toma de San Javier fue el hecho de armas más significativo de todas las operaciones. La forma en que lo describen, en los pocos documentos personales que nos legaron, da fe de tal aseveración.

Los extranjeros han terminado su cuarta paralela y a las 4 de la tarde lanzan un violentísimo ataque con toda la artillería de las cuatro paralelas sobre el fuerte Iturbide. Baterías de morteros, (36 cañones de batalla de 8 y 12) 4 morteros y 4 obuses de montaña barren parapetos, techos, blindajes, lienzos enteros de los muros. San Javier y Penitenciaría quedan derribados. El fuego de artillería finaliza a las 5 de la tarde y de inmediato el enemigo embiste con sus tropas de asalto a las fuerzas mexicanas (integradas por los batallones 2º y 6º de Guanajuato) las cuales se baten valientemente ante el empuje de 5,600 hombres del ejército invasor al mando del General François Achille Bazaine.
La lucha es cuerpo a cuerpo y se pelea por cada centímetro de los patios interiores de lo poco que queda del fuerte. Una y otra vez las fuerzas enemigas son rechazadas pese a la superioridad numérica de los extranjeros. Momentos terribles. Un grupo de 20 hombres del 6º batallón queda encerrado en una pieza sin salida, sólo se salva la bandera.

Los soldados mexicanos se ven obligados a desocupar San Javier y replegarse. Algunos grupos quedan atrapados y deben rendirse pese a los apremiantes deseos de continuar con la defensa del fuerte. Muchos se han quedado sin munición. El Teniente Coronel Octavio Rosado acepta la propuesta de rendición que le hace Gilard, un Capitán de Zuavos, que al acercarse observa como los 130 hombres que quedan le muestran la razón de su rendición: todas las cartucheras vacías.

Tomado el fuerte, los franceses inician un ataque a la plaza. Piensan que después del ataque al fuerte será fácil la toma completa de la ciudad. Más equivocados no podían estar, los mexicanos lucharían por cada habitación o casa. Aun faltaba mucho tiempo para lograr la victoria.

Es sabido que poco después, en el ataque al Convento de Santa Inés, la defensa palmo a palmo que heroicamente realizaban las tropas mexicanas impresionó tanto al alto mando francés, que hasta se contempló la idea de renunciar a la toma de Puebla y dirigirse directamente a la Ciudad de México. Poco faltó para convertir en triunfo la defensa de la ciudad de Puebla, pero la inferioridad numérica y la falta de parque no permitió consumar tal hazaña.

Pasadas las seis y media de la tarde de ese 29 de marzo, 48 cañones mexicanos dirigen su fuego al recién tomado fuerte. Los franceses contestan con 39. Son en total 87 bocas de fuego que no cesan de disparar. En la relación de consumo de munición de ese día consta que la artillería de la plaza disparó 3,600 tiros y la infantería 390,000.
El General Forey en uno de sus partes al Ministro de Guerra francés apunta que la magnitud atronadora del fuego del 29 sólo se podía comparar con el fuego histórico de Sebastopol (guerra de Crimea).

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