Revolución de Tuxtepec

Revolución de Tuxtepec

Antecedentes de la Revolución de Tuxtepec:

Inmediatamente después de la inesperada muerte de Benito Juárez en 1872, y tal como lo señalaba la ley, Sebastián Lerdo de Tejada, presidente de la Suprema Corte, asumió (como interino) la más alta magistratura del país. La pacífica y constitucional transferencia del poder causó que el conflicto conocido como La Revolución de La Noria terminara de forma abrupta. La razón primordial del levantamiento -la renuncia de Juárez- había quedado desvanecida por completo.

1875

Al terminar su función como presidente interino, Lerdo de Tejada, en unas elecciones muy discutidas en cuanto a su legalidad, fue elegido para un nuevo mandato de cuatro años como presidente de la República (1872 – 1876), período que al parecer no le fue suficiente, ya que desde finales de 1875 anunció su intención de buscar la reelección. De forma un poco inexplicable, el presidente repetiría paso a paso las mismas acciones que dieron origen a la anterior revolución.

Cuando Juárez intentó (y que luego logró mediante unas muy irregulares votaciones) reelegirse para mantenerse en el poder, una gran porción del país se levantó en armas. Apenas cuatro años antes esa situación ya se había verificado y ahora la historia se repetía casi de la misma forma y con los mismos protagonistas.

El Plan de Tuxtepec:

Una vez más Porfirio Díaz proclamaba en Tuxtepec, Oaxaca, un nuevo plan que desconocía a Sebastián Lerdo de Tejada como presidente de México. Este documento conocido como “El Plan de Tuxtepec“, era en esencia, una réplica de “El Plan de la Noria“, ya que en ambos la consigna primordial era la renuncia del presidente en turno.

Sufragio efectivo, no reelección

Irónicamente el lema de la revolución de Tuxtepec “Sufragio efectivo, no reelección” adoptado por el mismo Porfirio Díaz para señalar la no perpetuación en el poder por un sólo hombre sería, casi 35 años después, la consigna principal de Francisco Madero contra el héroe de Puebla.

Muchos políticos y militares secundaron a Díaz desde la proclama del Plan de Tuxtepec. Entre muchos otros, el general Sóstenes Rocha en Guanajuato; los generales Donato Guerra y Pedro Galván en Jalisco; los generales Hermenegildo Carrillo y Juan N. Méndez en Puebla; los generales Jerónimo Treviño y Francisco Naranjo; en Yucatán y Tehuantepec los coroneles Teodosio Canto y Benigno Cartas, respectivamente. Todos los sublevados reconocían a Porfirio Díaz como el jefe del movimiento.