Revolución de Tuxtepec

Batalla de Tecoac:

Lerdo de Tejada envió al general Mariano Escobedo y al general Ignacio Alatorre a combatir a las fuerzas oaxaqueñas de Porfirio Díaz. Los federales contaban con un ejército de 3,000 hombres, mientras que los efectivos de los rebeldes sumaban más de 5,000. A primera vista parecería que la superioridad numérica del general Díaz garantizaría el desenlace de la batalla a su favor, sin duda alguna, pero la diferencia de capacidades entre ambos ejércitos equilibraba muy bien la situación. Las tropas federales, a diferencia de las del general Díaz, estaban mejor armadas y formadas por hombres muy bien adiestrados y entrenados.

Desde el principio de la batalla todo parecía indicar la pronta victoria de los lerdistas pero hubo un momento crucial y circunstancial, que de haber sido un poco diferente, toda la historia de nuestro país hubiera cambiado dramáticamente. Resulta que tanto el general Alatorre como el general Díaz esperaban importantes refuerzos y sólo la suerte decidiría a quien le correspondería tal distinción.

Manuel González

Alatorre esperaba con ansia la llegada del general Alonso y Díaz, por su parte, la llegada del general Manuel González. A punto de ordenar la retirada de su ejército, Porfirio Díaz respiró aliviado: de forma repentina irrumpió en el campo de batalla el general Manuel González, amigo y partidario del oaxaqueño. Con el empuje de 1,000 hombres a caballo, González atacó los flancos del enemigo con tal violencia que los soldados federales quedaron desconcertados, dispersos y derrotados. Esa tarde del 16 de noviembre de 1876, quedó sellado el destino de México.

Huida de Sebastían Lerdo de Tejada:

Al enterarse de lo ocurrido en Tecoac, Sebastián Lerdo de Tejada entregó la presidencia a Protasio Tagle y partió hacia Acapulco con el fin de embarcarse con rumbo a los Estados Unidos.

La Revolución de Tuxtepec, último gran conflicto armado del México del siglo XIX, finalizó con la derrota definitiva de las disminuidas fuerzas de José María Iglesias, quien nunca quiso reconocer el Plan de Tuxtepec.

El nuevo gobierno:

El general Porfirio Díaz, con su entrada triunfal a la ciudad de México el 21 de noviembre de 1876, inauguró una nueva era de paz y crecimiento nacional. Durante los anteriores 56 años, desde la culminación de las guerras de independencia, hasta la llegada del aguerrido general a la presidencia, la nación no había disfrutado de un sólo respiro de calma y tranquilidad. Cientos de sobresaltos, entre guerras civiles, levantamientos y hasta intervenciones e invasiones extranjeras habían dejado exhausto a ese México del siglo XIX. Ahora tendrían que pasar 35 años para que el país nuevamente perdiera su paz y tranquilidad.