Pátzcuaro, joya de Michoacán

La primera impresión que reciben los visitantes al llegar a Pátzcuaro es imborrable.

Su topografía, desarrollo urbano y ecología se integran de tal manera que el ambiente se figura encantador, haciendo de Pátzcuaro una población sin duda alguna incomparable.

Historia

La importancia de esta ciudad en la historia michoacana es enorme: centro y raíz del imperio purépecha consolidado con el reinado de Tariácuri, formando después parte del reino de Tzintzuntzan tras la muerte de aquel personaje y convirtiéndose en el punto de recreo para la nobleza indígena de la época. A la llegada del conquistador Vasco de Quiroga en el siglo XVI, la ciudad recobraría su antigua importancia cuando se construyera el Colegio de San Nicolás, la primer escuela en el estado abierta para la instrucción de españoles, mestizos e indígenas, además de designar a Pátzcuaro como sede episcopal en 1540.

Pátzcuaro, la joya de Michoacán
Pátzcuaro, la joya de Michoacán

Cuatro años más tarde sería elevada a la categoría de ciudad capital, teniendo una considerable población de familias españolas y congregaciones religiosas que levantaron mansiones, iglesias y conventos hasta lograr el florecimiento arquitectónico que le caracteriza hasta nuestros días. Aquí se construiría el famoso Colegio de San Nicolás Obispo, antecedente de la Universidad Michoacana, así como un portentoso proyecto emprendido por el propio Vasco de Quiroga que, aunque no llegó a realizarse en su plan original, se convirtió al paso del tiempo en la Basílica de Nuestra Señora de la Salud. Este poblado, repleto de atractivos y una monumentalidad poco común, combina una rusticidad de elementos en su construcción con un gusto tan señorial como exquisito.

Noche de Muertos

En Pátzcuaro la Noche de Muertos se colorea con la profundidad de una tradición en donde la fé cristiana y los ritos paganos de raíz indígena se amalgaman con encanto, preparándose la gente para rendir culto a los fieles difuntos al tiempo que en la amplitud de los atrios de los templos resuena con suave armonía la música propia de tan sublime ocasión.

La Cuenca

La cuenca fue el asiento del antiguo imperio Tarasco y actualmente es una de las cuatro áreas culturales de la región Purépecha, herederos de aquella civilización y prácticamente los últimos representantes de las culturas lacustres que florecieron en la antigua Mesoamérica. Se reconoce la existencia de esta cultura en el área por lo menos desde el siglo XII, aunque se tiene conocimiento de prácticas agrícolas en el lugar, por lo menor, desde hace 3,500 años. Fueron precisamente los indígenas quienes al paso de los siglos supieron desarrollar en el lugar 13 sistemas agrícolas, nueve tipos de pesca, además de ganadería en pequeña escala, de tal modo que el aprovechamiento de los recursos encontrados en la cuenca mantuviera un equilibrio notable.

A eso habría que agregar su conocimiento preciso de todas las especies existentes, nombrando más de 400 plantas diferentes en lengua purépecha, 140 animales, diferentes tipos de suelo, etc., lo que aporta hasta nuestros días un verdadero legado cultural que tiende al sostenimiento de un sano balance entre el hombre y su entorno.

La cuenca del Lago de Pátzcuaro se extiende a lo largo de los municipios Pátzcuaro, Erongaricuaro, Quiroga y Tzintzuntzan, incluyendo también las localidades de Pichátaro (Tingambato) y San Isidro (Nahuatzen). Existen en total 122 asentamientos poblacionales, aunque Pátzcuaro es el que concentra la mayoría de la población en la región.

Pátzcuaro, la joya de Michoacán
Pátzcuaro, la joya de Michoacán

La Ciudad

Al caminar por las calles de Pátzcuaro encontramos el edificio que fuera parte del convento de los agustinos fundado en 1576, siendo entonces obispo de Michoacán Fray Juan Medina Rincón. El edificio dejó de funcionar como templo religioso en 1860 y no tardaría mucho en caer en el abandono total, hasta que en 1882 la construcción se fraccionó en 5 partes para su venta a particulares. Unicamente quedó el edificio del templo en donde actualmente se alberga la Biblioteca Gertrudis Bocanegra, inaugurada en 1938, así como un anexo que sirvió para hacer el Teatro Emperador Caltzontzin. En esta biblioteca puede apreciarse la estupenda pintura mural del maestro Juan O’Gorman, realizada de febrero de 1941 a febrero de 1942.

En la Plaza Principal se encuentra la residencia que, se dice, perteneció al príncipe purépecha Antonio Huitziméngari, hijo de Caltzontzin y ahijado del virrey Antonio de Mendoza. La fachada del que hoy conocemos como Palacio Huitzimengari luce con cierta sobriedad, contrastando con una magnífica arquitectura de su interior.

Junto a la casa del portal Chaparro encontramos una hermosa construcción que debe su nombre a la extraordinaria figura tallada en piedra monolítica que forma cuerpo con dos de las columnas que sostienen los arcos del corredor de la planta alta. Se trata de la Casa del Gigante, cuya piedra de gran tamaño representa la fuerza y vigor de un guerrero antiguo, quizás a manera de homenaje.

Isla de Janitzio

E imposible no aventurarse a la Isla de Janitzio, situada al centro del Lago de Pátzcuaro, mostrando en su cima la escultura de 40 metros de altura en memoria de don Jose María Morelos, monumento en cuyas paredes interiores se estampó la vida del héroe por el pincel del pintor Ramón Alva de la Canal. Janitzio posee varios significados: “Lugar donde llueve”, “Cabellos de Elote” y “Lugar de Pesca”, reservando a los ojos del visitante una atmósfera por demás especial gracias a la comunidad indígena que habita el lugar y que, fiel a sus raíces, mantiene sus costumbres ancestrales: el vestuario, el dialecto purépecha, la velación en la noche de muertos, mágica ceremonia celebrada cada primero y segundo de noviembre, atrayendo a visitantes del mundo entero para sumergirse en el encanto y misterio de aquella gran ofrenda plena de misticismo.

 

Todo esto es Pátzcuaro, destino encantador que guarda en sus adentros no sólo la historia de muchos pueblos legendarios, sino el origen e identidad misma del Estado de Michoacán, mostrándose al mundo con gran orgullo.