Palacio Nacional, el símbolo más reconocido del gobierno mexicano.

Imponente y simbólico, el Palacio Nacional es el epicentro de la vida política del país y parte de su propia identidad.

El Palacio Nacional es el inmueble más grande de todos los edificios que rodean el Zócalo de la CDMX y que forma parte del conjunto arquitectónico más reconocible de México, pues ahí convergen desde manifestaciones a conciertos, exposiciones, ferias o desfiles; la sociedad entera se identifica con el Centro Histórico.

Palacio Nacional es considerado como Patrimonio de la Humanidad desde 1987.

La actual sede del Poder Ejecutivo cuenta con 40,000 m2 de construcción, la cual comenzó en 1522, justo encima de una parte del que fuera palacio del rey Axayácatl y finalmente de su hijo, Moctezuma Xocoyotzin, tlatoani de los mexicas entre 1502 y 1520.

Fue ideado originalmente como segunda residencia de Hernán Cortés, y durante quinientos años ha tenido obras de construcción y adaptación, con un gran número de ampliaciones y modificaciones en las que han quedado plasmadas las distintas épocas de México.

Era natural que fuese la sede de los Virreyes de la Nueva España y varias instituciones coloniales, por lo que, después de la Independencia, también albergó a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en los diferentes regímenes republicanos y monárquicos del país durante el siglo XIX.

Sirvió como residencia personal de todos los gobernantes entre 1822 y 1884, y a partir de ese año fue destinado como oficina presidencial hasta el año 1968.

Patio central del Palacio nacional
Patio central del Palacio nacional

Dicha función la recuperó parcialmente en 2012 y de manera completa en 2018, además de convertirse en residencia del presidente de la República en julio de 2019. Después de todo, ¿qué admirador de Benito Juárez no querría vivir en el mismo lugar donde estuvo el Benemérito de las Américas?

De hecho, entre los Patios Marianos se encuentra el Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez, en cuya estatua sedente usaron el bronce de varios cañones capturados al general Miguel Miramón en Calpulalpan, así como obuses que sirvieron para la defensa de Puebla durante el sitio de 1863.

Las distintas caras del palacio.

El Palacio Nacional ha sido escenario permanente de actos oficiales, protocolarios y cívicos de la Presidencia de la República: recepción de Jefes de Estado y de gobiernos extranjeros, entrega de cartas credenciales del cuerpo diplomático, etc.

Dotado de tres portadas que corresponden a sus puertas monumentales, destaca la central por su simbolismo: en lo alto se observa la campana original del templo de Dolores Hidalgo en Guanajuato, la cual fue instalada en un nicho especialmente construido en 1886.

Justo debajo de ésta, la cual es tocada por el presidente en la ceremonia festiva del Grito de Dolores cada 15 de septiembre, se encuentra el Balcón Presidencial, el cual remata la portada con el escudo nacional, flanqueado por un caballero águila y otro español.

Elementos arquitectónicos de distintas épocas se combinan en este recinto que alberga un valioso patrimonio histórico y artístico, destacando el conjunto de murales de Diego Rivera.

Balcón principal del Palacio Nacional
Balcón principal del Palacio Nacional

La fachada principal está revestida con piedra de chiluca y tezontle, mostrando en su parte inferior y media un estilo barroco sobrio de los siglos XVII y XVIII. En su parte superior, construida entre 1926 y 1928, el estilo llamado neocolonial.

A lo largo de la calle de Moneda está la fachada lateral norte, con los mismos elementos de la fachada principal, pero en un estilo más sobrio característico del siglo XVIII. Ahí se descubre la puerta Mariana, llamada así en memoria del presidente Mariano Arista, quien la mandó construir en 1852.

La fachada sur está formada por tres partes que, en lo fundamental, siguen el estilo impuesto por el arquitecto Petriccioli entre 1926 y 1928, aunque la fachada intermedia, que antes correspondía al Archivo General de la Nación, conserva elementos que nos permiten imaginar la antigua fachada del Palacio Virreinal.

Ahí se encuentra la Puerta de Honor, reservada para uso del Presidente de la República, en una costumbre que se remonta a los tiempos en que los mandatarios se dirigían del Castillo de Chapultepec o de Los Pinos a sus labores en Palacio.

Porfirio Díaz ordenó en 1901 la rehabilitación casi total del inmueble con motivo del centenario de la Independencia (salvo por el Salón de Recepciones), y el estado actual del resto de las áreas protocolarias del Palacio Nacional son de esa época en la que alcanzó su mayor esplendor.

Mural en Palacio Nacional
Mural en Palacio Nacional

Entre 1929 y 1935, Diego Rivera pintó en el cubo de la escalinata una visión panorámica de la historia de México: «Epopeya del pueblo mexicano», incluyendo una fantasía del mundo del porvenir. 

Entre 1944 y 1952, el muralista mexicano realizó otros murales en el ala norte del patio central, con temas relativos a la vida de los antiguos pueblos mesoamericanos.

El presidente Manuel Ávila Camacho ordenó la creación de las Galerías de los Presidentes y de los Insurgentes en 1945, que se ubican en el segundo nivel de los patios que dan al Patio de Honor en la zona de presidencia.

En suma, se trata de un edificio que resume siglos de historia y que sigue siendo el eje de la vida política del país. 

Abundan los símbolos por doquier, dando al ejercicio del poder su imagen y significado mediante rituales y ceremonias, siendo en conjunto la consolidación de una identidad nacional.

Después de 500 años, lo que es seguro es que sin importar ideologías u órdenes de gobierno, el Palacio Nacional seguirá siendo el escenario donde se escriban nuevas páginas de la historia mexicana.

Eduardo Albornoz.